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"Pedro Páramo", Juan Rulfo

Grandes comienzos

Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, conocido como Juan Rulfo, fue un escritor mexicano que escribió solo dos libros que le valieron el apodo de padre de la literatura mexicana. Sus relatos narran la flora del llano mexicano, la vida rural, la violencia, los entierros y las muertes, los vacíos y los fantasmas de las almas que hace años partieron pero permanecen en los lugares que habitaron. Estas primeras líneas pertenecen a "Pedro Páramo", novela publicada en 1955: "Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. «No dejes de ir a visitarlo —me recomendó. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte.» Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después de que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas”. "Pedro Páramo", Juan Rulfo, Seix Barral🇲🇽 -


Great beginnings Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, aka Juan Rulfo, was a Mexican writer who only wrote two books, which earned him the nickname of father of mexican literature. His stories narrate the flora of the Mexican plains, the rural life, the violence, the burials and deaths, the emptiness and the ghosts of souls that departed long ago but remain in the places they inhabited. These first lines belong to "Pedro Páramo", a novel published in 1955:

“I came to Comala because I was told that my father, a man called Pedro Paramo, was living there. It was what my mother had told me, and I promised I would go and see him after she died. I assured her I would do that. She was near death, and I would have promised her anything. “Don’t fail to go and see him,” she told me. “That’s what his name is, although they sometimes called him something else. I am sure he would want to know you.” The only thing I could do was to tell her I would do it and, after saying it so often, it became such a habit that I continued repeating it, even after I managed to remove my hands from her lifeless hands.” "Pedro Páramo", Juan Rulfo