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Luisa Geisler


La semana pasada tuvimos la oportunidad de conocer a Luisa Geisler, autora brasileña que está en Buenos Aires como parte de la Residencia de Escritores Malba. Nos encontramos en Libros del Pasaje, donde charlamos un rato y compartimos un café y muchos autores.

Luisa tiene una gran calidez, gesticula al hablar, piensa cada palabra antes de decirla e insiste en practicar su español como parte de una búsqueda: un lenguaje nuevo para su próxima novela. Hablamos sobre literatura contemporánea, traducción, prejuicios, Latinoamérica, barreras culturales y autoras brasileñas.



¿Cómo fue tu comienzo como lectora?

Me hice lectora no por apoyo de mis papás, sino más bien por negligencia parental. La clase media brasileña decía “¿Te gusta leer? Entonces toma estos libros”. Les parecía bonito. Pero al mismo tiempo que me apoyaban, no tenía ninguna base académica para pensar la literatura. Entonces si yo quería leer Stephen King o Gabriel García Márquez… No había una jerarquía. A veces escucho escritores que tienen una formación más académica, pero mis papás me dejaban leer un libro si me había gustado la tapa. Mi formación como lectora siempre fue algo que tuvo mucha libertad. Y creo que esa formación fue muy importante en términos de cómo me hice escritora. Ellos me daban libertad, si no terminaba de leer algo, estaba bien. Si no me gustaba un libro, lo cerraba y ya estaba. Nunca me dijeron qué debía leer o cómo, y creo que eso determinó mucho de mi relación con los libros. No creía que tenía que escribir de una manera específica.


¿Qué libros leíste en los últimos 5 años que puedas recomendar?

Con el correr de los años, comencé a leer más contemporáneos y especialmente libros escritos por mujeres. El Malba me pidió que eligiera cinco libros y cuando vi la lista había escogido 4 autoras y 1 autor gay. Lo que más he leído son cosas escritas por mujeres, algunas están traducidas, otras no, como Angélica Freitas, que es una poeta brasileña buenísima, Natalia Borges Polesso… Es difícil de explicar, pero cuando las leo siento una proximidad de temáticas o en la manera en que llegan a ellas. Eso me parece interesante. Después Ana María César, si no está traducida debería estarlo. Hilda Hilst quien también es una poeta excelente. Es muy raro entender cómo llega la literatura. He hablado de Caio Fernando Abreu, que es un escritor muy conocido en Argentina, pero en Brasil no.


¿En Brasil pasó como acá que los lectores siempre llegaron más a escritores que a escritoras?

Sí, por supuesto. Es raro porque es un país tan grande. Estaba en una charla organizada por Ampersand sobre mi formación lectora y yo sabía que era bastante masculina y blanca, pero solo me di cuenta al hacer las diapositivas que preparé. A veces los profesores y estudiantes brasileños ni saben que están estudiando escritores negros, como es el caso de Machado de Assis, quien es el padre del realismo brasileño. Es un escritor hijo de esclavos que viene de Río, pero las imágenes que nos llegan de él en la escuela son en blanco y negro, y lo “blanquean” a Machado. Entonces hay ahora una gran campaña de imágenes a color donde se puede ver que es negro porque la gente finge que es blanco. Hay un recorte social de los escritores contemporáneos, en general son blancos y altos. Y no existe un solo Brasil de hecho, cada estado podría ser un Brasil distinto en términos de su cultura y literatura. Es difícil representar a Brasil.


Siempre pienso que como referentes de la literatura brasileña nos llegan Rubem Fonseca, Machado de Assis, Clarice Lispector en los últimos tiempos, pero no nos llegan escritores de tu edad, contemporáneos. Hay más traducciones de autores estadounidenses o europeos que de Brasil. Entonces creo que a pesar de la proximidad hay una barrera muy grande con el idioma. Se traduce muchísimo del inglés y no así del portugués. No sé si en Brasil pasa, porque allá se traduce todo. ¿A Brasil sí llega la literatura argentina contemporánea?

Bueno, es muy raro, porque si un escritor argentino llega no va a ser un bestseller. Por ejemplo, Mariana Enríquez es muy conocida acá, está traducida allá y viene a la Flip [Festa Literária Internacional de Paraty] que es el mayor evento literario, pero si preguntas por la calle, la gente no la conoce. Muchos argentinos están traducidos, pero yo me pregunto para quién están traducidos. Están traducidos para un nicho literario de tres mil personas, que en Buenos Aires parece un número importante, pero en Brasil que es un país de 200 millones de personas… Los argentinos tienen la ventaja de que su país está asociado a la literatura, quieran o no porque es un país difícil, pero cuando pienso en Argentina, pienso en una librería en cada cuadra, mi experiencia es esa. En Brasil eso no pasa.


¿Por qué será que no llegan acá los autores brasileños? ¿Será una decisión del mercado, será esa costumbre que tenemos de mirar siempre para Europa, para Estados Unidos?

El portugués es un idioma exótico, seamos sinceras. A veces se dice que Brasil le da la espalda a Latinoamérica porque siempre estamos mirando para Europa y nuestro sueño es estar traducidos y publicados en Francia, pero también América Latina no se interesa tanto por Brasil, no imagina que Brasil tenga tantos escritores porque tiene la imagen de un país musical, de carnaval. Entonces cuando pienso en Argentina, pienso en Borges, Cortázar, pero si piensas en Brasil, vas a pensar en Chico Buarque. Hay cosas difíciles de superar para el escritor brasileño, y problemas del lector latinoamericano que a veces no quiere saber tanto de Brasil desde un punto problemático, más de las favelas, de la realidad violenta. Quiere saber de la música y las cosas bohemias. Entonces son dos problemas, hay dos grupos que no quieren hablar entre sí: lectores latinoamericanos que no quieren saber y escritores brasileños que le escriben a un público “superior”. No se ven como escritores latinoamericanos, pero cuando llegan a Europa se dan cuenta de que lo son, esa es la etiqueta que tienen cuando están allá. Entonces tienen que dar dos pasos hacia atrás y darse cuenta de que son parte de este grupo.


¿Y ahora qué estás leyendo?

Estoy leyendo uno de Mariana Enríquez.


¿En español o en portugués?

En español, porque leí el primero en portugués, Las cosas que perdimos en el fuego, pero el segundo lo compré aquí. También a una poeta colombiana que se llama Piedad Bonnett. Mientras estoy aquí intento absorber todo.


¿Te gusta la literatura de Enríquez? Lo oscuro en la cotidianidad…

Sí, me gusta muchísimo. Tiene como características de cosas totalmente banales, pero capas de significado. Entonces me gusta mucho lo que Mariana hace. Estoy leyendo al uruguayo Mario Levrero, La novela luminosa, que tiene que ver en términos de proyecto con lo que me gusta. A mi me parece que escritores de Hispanoamérica han intentado llegar al portugués, más de lo que escritores en Brasil han intentado llegar al español. En términos de experimentar el lenguaje de frontera.


Contame de la Residencia de Escritores Malba, ¿tenés cinco semanas en Buenos Aires para escribir sobre lo que vos quieras o tenés que seguir una temática?

La Residencia me parece muy interesante, en primer lugar, porque intenté conseguirla una vez y no lo logré. Mi editorial acá en Argentina, Blatt & Ríos, me decía que lo intentara otra vez. Lo hice y ahí sí quedé. La Residencia es importante porque quiero pensar el lenguaje de una próxima novela. Es lo que he intentando hacer. Tengo un proyecto de novela que tiene distintos lenguajes según los puntos geográficos donde transcurre. La mayor parte de la novela tiene un lenguaje portugués con expresiones mal traducidas, con palabras que no se usan en portugués. Quiero salir de aquí con una noción del lenguaje más controlada porque el resto lo puedo hacer en Brasil. Yo inventé este portugués que me gustaría que la gente hablara, uno idealizado. Creo que está saliendo bien, me está gustando mucho.

También tengo que entregar un texto sobre mi experiencia aquí y participar de charlas. Me encanta porque tengo que hablar en español.


Se acaba de publicar en Brasil tu último libro, Enfim, Capivaras. ¿Qué nos podés contar?

Siempre me llaman de colegios en Brasil para que vaya a hablar con los alumnos, para que vean una escritora joven y eso los inspire a leer. Pero sé que mis libros tienen un lenguaje muy complejo que ningún niño va a leer, mis libros no los van a motivar una pasión por la lectura. Entonces escribí este libro, que es un libro que puedo llevar a las escuelas, que tiene otro lenguaje para un público joven.

Luisa Geisler (Canoas, Brasil, 1991)

Vive en Brasil, trabaja como traductora literaria y ha culminado un Máster en la National University of Ireland. En 2012, Luisa Geisler fue señalada por la revista Granta como una de las mejores novelistas brasileñas de su generación. Es autora del libro de cuentos Contos de mentira (2011), y las novelas Quiçá (2012), Las luces de emergencia se encenderán automáticamente (2014), traducida y publicada en Argentina por Blatt & Ríos y De espaços abandonados. Luisa participó de diversos proyectos artísticos como las audioguías comisionadas para el puente de la Serpentine Gallery, 89plus (con curaduría de Hans-Ulrich Obrist y Simon Castets) y la Residencia de escritores Omi en Ledig House, Nueva York. Ha colaborado para diversos medios brasileños como Folha de São Paulo, Estado de São Paulo y O Globo. Diversos textos suyos fueron publicados Argentina, Austria, Bolivia, Chile, Francia, Alemania, Japón, España, Estados Unidos y Reino Unido. Luisa Geisler es la tercera escritora invitada a Buenos Aires por la Residencia de Escritores de Malba.

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