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"Los niños", Carolina Sanín


Por medio de juegos del lenguaje y fronteras difusas con la realidad, esta novela evoca sentimientos socialmente incorrectos sobre las relaciones familiares, la maternidad, la infancia y la vida. “Los niños” es la primera novela de la colombiana Carolina Sanín que se edita en Argentina gracias a Blatt y Ríos. Su protagonista, Laura Romero, cree escuchar, como un presagio, que la señora que cuida autos en el supermercado le ofrece un niño: “Laura Romero oyó que la mujer que cuidaba los carros frente al supermercado le ofrecía un niño. Oyó que le decía: Le tengo al niño”. Días después, un niño aparece solo en la puerta de su casa y esta situación permite analizar los roles femeninos y la infancia desde lugares que nos provocan y, a la vez, nos conmueven. Si bien el amor se mantiene intacto, ninguno de los dos está convencido de querer jugar a ser madre e hijo. Sanín describe la infancia de manera fantástica: narra los conflictos que enfrenta cualquier niño al tratar de absorber y nombrar todo el universo, aunque la sociedad lo considere parte natural del aprendizaje. Laura se para frente al mundo como si no perteneciera a él, crea sus propios espacios y se enfrenta a la burocracia del sistema de adopción como si el resto de la humanidad usara un código y un lenguaje totalmente ajenos a los suyos: “Había un lugar que Laura había fundado hacía años. Era una isla y una montaña, otro mundo y el otro lado del mundo. Allá estaban, ni vivos ni muertos, en el filo de la despedida, los que la habían querido y ya no la acompañaban, los que se habían ido, aquellos a quienes ella había querido y había dejado atrás”. -

By playing with language and using unclear borders with reality, “The kids”, by Colombian writer Carolina Sanín, evokes socially incorrect feelings about family relationships, motherhood and life. The novel’s main character, Laura, believes to hear that a lady, who watches over cars parked at a supermarket, offers her a child. A few days later, a kid shows up alone at her door and this situation enables Sanín to analyse women’s roles and childhood in a provoking and thrilling way.

Though love is always present, neither of them knows whether they want to play being mother and son. Sanín fantastically tells the conflicts faced by a kid trying to absorb knowledge. Laura builds her own world and faces the bureaucracy of the adoption system as if the rest of mankind used a code and language completely alien to her: "There was a place Laura had founded years ago. It was an island and a mountain, another world and the other end of the world. There she put, neither alive or dead, on the edge of departure, the ones she had loved and were no longer by her side, the ones that were gone, those she had loved and had left behind."

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