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"Cometierra", Dolores Reyes

Empecé a leer Cometierra y no pude hacer nada más hasta terminarla. Con un lenguaje simple, intenso y a la vez poético, Dolores Reyes logra componer voces potentes que conmueven.

Esta es la historia de una médium del conurbano que, para buscar a los que ya no están, come la tierra que alguna vez estuvo bajos sus pies. Entonces, Cometierra cierra los ojos y ve. Busca indicios que le permitan ayudar a esa familia que desesperada se acercó hasta su casa, le dejó una botella con tierra adentro y un papelito atado en el cuello de vidrio (con solo un nombre, un teléfono). Las botellas que brillan juntas en el patio se acumulan como los yuyos que nunca podó y le recuerdan lo grande que debe ser el mundo para que falten tantas personas.


Cuando queremos recordar, muchas veces tocamos los objetos de los seres queridos que perdimos como tratando de conectarnos con ellos. O cerramos los ojos para sentir mejor un aroma que quedó en los lugares que habitaron. Esta chica, a pesar de las burlas y los juicios de los vecinos, come tierra. La primera vez que tragó tierra fue cuando murió su mamá:


Cierro los ojos para apoyar las manos sobre la tierra que acaba de taparte, mamá, y se me hace de noche. Cierro los puños, atrapo y la llevo a la boca. La fuerza de la tierra que te devora es oscura y tiene el gusto del tronco de un árbol. Me gusta, me muestra, me hace ver (…).
— Levantate, Cometierra, levantate de una vez. Soltala, dejala ir.

Después, comió por los otros, por lo que se fueron, por las mujeres muertas a golpes en un descampado, por las secuestradas por una red de trata, por las que ya no pueden hablar.


Acaricié la tierra que me daba ojos nuevos, visiones que solo veía yo. Sabía cuánto duele el aviso de los cuerpos robados. Acaricié la tierra, cerré el puño y levanté en mi mano la llave que abría la puerta por la que se habían ido María y tantas chicas, ellas sí hijas queridas de la carne de otra mujer. Levanté la tierra, tragué, tragué más, tragué mucho para que nacieran los ojos nuevos y pudiera ver.

Dolores Reyes escribió una primera novela de gran creatividad y calidad narrativa por medio de la que expuso la violencia contra las mujeres. Pulió la voz de su protagonista y le otorgó tal fuerza que en la brevedad del relato logra sacudirnos. Dolores narra de manera visceral y salvaje, pero al mismo tiempo con una ternura y poesía que dificultan alejarse de la lectura.


La originalidad de la obra también radica en la capacidad de abordar temas instalados, que militamos y por los que abogamos, pero sin forzar el lenguaje, sin imponerlos de manera artificial en su escritura. La narración en primera persona logra imágenes vívidas que nos dejan acompañar de cerca a la protagonista, sentir que tocamos y pisamos esa tierra húmeda por la que camina.


Cometierra es la angustia de la ausencia, la soledad de la presencia y la búsqueda incesante por las que faltan.


Editorial: Sigilo

Arte de tapa: Jazmín Varela

When I began reading Cometierra [literally Earth Eater], I couldn’t put it down. With a simple, deep and poetic language, Dolores Reyes composes powerful and thrilling voices.


This is the story of a medium from Greater Buenos Aires who, in order to look for those that are missing, eats the earth from the land that was once under their feet. Cometierra then closes her eyes and sees. She searches for clues that may let her help a desperate family who’s left at her house a bottle with earth inside and a paper tied to it with a name or a phone number. The bottles piling up and shining together in her backyard remind her how big the world must be if there are so many people missing.


When we want to remember, sometimes we touch the objects that belonged to the loved ones that we lost to connect with them. Or we close our eyes to feel better a scent left in the places they inhabited. This girl, in spite of her neighbors’ mocking and judging, eats the earth. The first time she swallowed it was when her mom died:


I close my eyes to lie down my hands on the earth that has just covered you, mom, and the day becomes night. I close my fists, catch it and take it to my mouth. The strength of the earth devouring you is dark and it tastes like a tree trunk. I like it, it shows me, it makes me see (…).
— Get up, Cometierra, get up at once. Let it go, let her go.

Afterwards, she ate it for others, for those who are gone, for the women beaten to death, for the girls kidnapped by trafficking networks, for the girls who have lost their voice.


Dolores Reyes wrote this first novel with great creativity and narrative quality to expose violence against women.

She refined her protagonist’s voice and gave it such strength that the brevity of the story still shake us.

Dolores’ narration is visceral and fierce, but tender and poetic at the same time.

The originality of this book it is also based on her capacity to deal with certain topics we advocate for without forcing language and writing. The first-person narrative enables us to imagine vivid images that allow us to follow the protagonist closely, to touch and feel that humid earth she walks on.


Cometierra is the anguish of absence, the loneliness of presence and the relentless search of those who are missing.

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